lunes, 18 de mayo de 2009


La vida nos acerca y a la vez nos separa,
como el
día y la noche en el amanecer...
Mi corazón sediento ansia tu agua clara,
pero es un agua ajena que no debe beber
.
Por eso puedes irte, porque, aunque no te sigo,
nunca te vas del todo, como una cicatriz;
y mi alma es como un surco cuando se corta el trigo,
pues al perder la espiga retiene la raiz.